05 diciembre 2007

Dieciocho años desde la caída del muro



El pasado viernes 09 de noviembre se cumplieron dieciocho años desde aquel día en el que se levantaron las restricciones para salir desde la Deutsche Demokratische Republik y una multitud de alemanes se congregaron en torno del Muro y comenzaron a derribarlo. Ya ha pasado casi un mes desde la conmemoración, pero igualmente vale la pena traerla a la memoria. Vale la pena recordar esa alegría surgida espontáneamente después de veintiocho años de cruda y tangible separación.

Y resuena un clamor lejano, de otra índole, pero admisible para nuestro asunto: "Tear down the wall!".

Pero no era necesario tener levantado el Muro (1961) para que su presencia espiritual ya estuviese allí, separando a los seres queridos. Esta presencia es perfectamente visible en el video expuesto arriba, donde se muestra en acción el videojuego Tennis for Two (1958) de William Higginbotham. El osciloscopio que muestra la bola, la imagen de la mesa y la imagen de la red estaba conectado a un computador que utilizaba datos para calcular trayectorias de misiles. El contexto bélico es innegable y podría llegar a decirse que este arcaico videojuego (puesto que fue uno de los primeros) está sobredeterminado por el contexto histórico en el que fue "manufacturado", ya que tanto el desarrollo tecnológico alcanzado, como los datos para calcular trayectorias de misiles y la presencia de la red en el osciloscopio, además de la profesión del autor del videojuego (físico nuclear), se encuentran en directa relación y, podríamos afirmar, son consecuencias del conflicto bélico desarrollado entre los años 1939 y 1945 y del posterior enfrentamiento político de las potencias democráticas (y particularmente de los Estados Unidos de América en este caso) con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y todo esto parece enteramente natural, es decir, si llegaba a desarrollarse cualquier videojuego en ese momento, resultaría casi inevitable que mantenga un vínculo directo con aspectos bélicos y, específicamente, con el contexto de la Guerra Fría; puesto que el desarrollo tecnológico era exigido por las circunstancias y para enfrentar de mejor manera al potencial enemigo, los datos para calcular las trayectorias de misiles (conocidos desde hace siglos) debían ser convenientemente aprovechados y adaptados a las nuevas máquinas (que podían llevarlos a cabo en muy poco tiempo), la imagen de la red señala claramente una división política-belicista (que es irreconciliable al interior del videojuego) y la profesión de Higginbotham era requerida para desarrollar y perfeccionar las armas nucleares (medio disuasivo para el enemigo). La propia naturaleza del videojuego opone a dos jugadores (basta recordar su nombre) en un enfrentamiento que no necesita justificación interna, pues el conflicto se ha suscitado en el exterior.

Lo anterior encaja muy bien con la situación política del momento en el que fue hecho aquel videojuego. Pero hace surgir cuestionamientos en torno a qué tan determinados están los videojuegos posteriores (hasta llegar a los actuales). ¿En qué medida los videojuegos están atados al mundo real? ¿Es cierto que hayan logrado desvincularse de él y que, jugando, nos olvidamos del mundo? Sí ocurre que jugando nos apartamos de la realidad inmediata, pero también es evidente que los videojuegos se construyen sobre la base de lo real y que, por lo tanto, no podremos abstraernos plenamente desde el mundo cuando estemos jugando. Ahora, una pregunta más definitiva sería: ¿en qué medida tal o cual videojuego nos aparta desde o nos atrae hacia la realidad y la situación desde la que él surgió? Me parece, pues, que la respuesta a esta cuestión es pertinente en cada análisis serio de algún videojuego.

2 comentarios:

  1. mmmmmmmmmmmm.......

    ¿porque sacastes tus contactos ?, eso no me gusto, creo que no tienes nada que esconder ¿ o si ?

    Un beso

    ¡¡¡ Que Dios te Bendiga !!!

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  2. No se me había ocurrido, pero visto así, es cierto que las imágenes traen a la mente un intercambio de misiles entre los bloques capitalista y comunista, separados por el Muro de Belín. Además, los datos aportados en tu entrada sustentan bien esta visión.

    Muy buen artículo.

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